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Comunidad y Conservación, Una Visión Integral en La Isla Floreana

Gloria Salvador, Facilitadora del Proyecto Floreana, nos comparte la manera en que los residentes de la Isla de Floreana han encontrado formas de integrar la comunidad y la conservación para defender sus valores más profundos ante el cambio.

Por: Gloria Salvador

El archipiélago de Galápagos, también conocido como las Islas Encantadas, recibió su apodo por los relatos relacionados con su historia natural y humana. Desde su descubrimiento en el siglo XVI, las islas han sido utilizadas como refugio y fuente de alimento para piratas balleneros, inspiración para los científicos, castigo para prisioneros y parias políticos, un lugar táctico durante tiempos de guerra, oportunidad de negocios para visionarios, y hogar de muchas personas  – incluyendo a mi propio abuelo –  quien encontró en este lugar apartado   la oportunidad de construir una “vida diferente.”

Las historias que he oído sobre la forma de vivir en las Galápagos de mediados de siglo (1950) son de abundancia en sus recursos naturales, mariscos que se podían captura y pescar en la costa, como langosta, pulpo y pescado, fruta que podía ser recogida en las partes altas de las islas, suelo  fértil para la agricultura, ganado que corría  libre en el territorio que ahora le pertenece al Parque Nacional, y mucho gozo y libertad para la gente que elegía vivir aquí. S: la vida, por idílica que parezca, requirió mucho esfuerzo dado que los servicios como la asistencia médica, educación, transporte y todas las comodidades de la vida moderna que se encuentran en el Ecuador continental eran inexistentes en el Galápagos de aquellos tiempos.

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Saltando a las aguas de Floreana. Crédito: Yajaira Altamirano

Yo misma atestigüé algo de esa vida. Lo que más recuerdo es la vida en comunidad; todos conocían a todos, probablemente una docena de cuadras constituían el pueblo de Puerto Ayora en la isla de Santa Cruz y la reciprocidad y la colaboración eran valores implícitos en cada ser humano.

Desde entonces mucho ha cambiado: la apertura de Galápagos al mundo, la constitución del Parque Nacional, el auge del turismo, la inmigración, el crecimiento demográfico, la implementación  de bienes y servicios para satisfacer la demanda de las personas que viven y visitan el archipiélago y más… Estas transformaciones nos han llevado a un estilo de vida diferente, al menos en la isla de Santa Cruz, ya no conocemos a todos los que viven aquí y el vivir en comunidad adquirió  un significado diferente en los tiempos modernos.

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Isla de Santa Cruz. Crédito: David Acosta

Afortunadamente para mí y para el mundo, no todas las islas pobladas en las Galápagos van por el mismo camino. Floreana fue la primera isla colonizada en el archipiélago a principios del siglo XIX, pero por diversas razones, incluyendo recursos limitados como el agua, la conectividad entre las islas o la falta de infraestructura, esta isla no se desarrolló al mismo ritmo que las demás; y aún mantiene la esencia que alguna vez  se distinguió  como el estilo de vida de los galapagueños.

Puerto Velasco Ibarra es  un pueblo pequeño ubicado en la costa noroeste de la isla Floreana. Aproximadamente 150 personas conforman su población; las actividades productivas incluyen la agricultura, los servicios públicos y el turismo. Dado que pocas personas viven en la isla, no es ninguna sorpresa que la misma persona que dirige un restaurante pueda también trabajar en una institución gubernamental, y además  cultivar los productos  que se consume localmente. Todos los miembros de la comunidad, de alguna manera, dependen unos de otros.

Estas actividades que pueden parecer ordinarias han tomado un contexto diferente en Floreana Debido a la mínima fluctuación de productos que son exportados/importados desde y hacia la isla, los residentes dependen de los productos que cultivan y recolectan. Pollo, pescado, mariscos, cerdos, vacas, frutas, yuca, y algunas verduras, son los principales productos consumidos por los lugareños. Sólo hay una pequeña tienda con productos básicos que abastece a todo el pueblo, y cuatro restaurantes atienden a los visitantes. Dicho esto, si usted planea visitar la isla por su cuenta, tan pronto como llegue, se aconseja ordenar sus comidas con antelación. Si no lo hace, nadie puede prometer que sus comidas vayan a ser preparadas o que los restaurantes estén abiertos. Sin embargo, si usted toma el cuidado de ordenar sus comidas con antelación, podrá disfrutar de la exquisita cocina local.

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Cena de langosta en Floreana. Crédito: David Acosta

Además de su autosuficiencia y fuerte sentido de comunidad, ¿qué hace que esta isla sea tan especial? A diferencia de las otras islas pobladas de las Galápagos, las personas que viven en Floreana han resistido los cambios de desarrollo que afrontó el archipiélago El modelo de turismo establecido en la década de 1970 dio lugar a la afluencia progresiva  de turistas que se enfocaban en visitar los sitios prominentes y vida silvestre del archipiélago, sin que los lugareños participen directamente de los réditos económicos de esta actividad. De igual manera, con el propósito de conservar los ecosistemas, los “floreanenses” cuentan con restricciones de acceso a la isla, lo cual significa limitaciones en sus actividades productivas y en la forma que realizan su vida cotidiana.

Es por estas y otras situaciones que los residentes de Floreana decidieron participar activamente en su desarrollo social y económico.A través de un persistente proceso de diálogo abierto, discusión y  consenso entre la sociedad y las instituciones administrativas gubernamentales, los floreanenses lograron la implementación de un nuevo modelo de turismo llamado “turismo comunitario”.

El modelo de turismo comunitario pretende  que los ingresos generados por el turismo se distribuyan de la manera más equitativa entre  los actores involucrados. Los visitantes de Floreana que llegan bajo esta modalidad, deben rotar entre  los hoteles, restaurantes, transporte y proveedores de servicios.. Al mismo tiempo, los servicios prestados a los turistas requieren la provisión de bienes y mano de obra de la gente local.

Otra característica que distingue a Floreana es su integración con el entorno. El empoderamiento social, la participación activa de los miembros de la comunidad y la toma de decisiones están cambiando el curso de la manera en que se lleva a cabo la conservación en las islas. Históricamente, muchas instituciones locales y externas han trabajado en conjunto para proteger la flora y la fauna únicas del archipiélago, pero pocos han trabajado para cuidar de la comunidad que vive aquí; y a pesar de todos los esfuerzos para preservar los hábitats naturales del archipiélago, resulta claro que la conservación no puede lograrse sin la participación de las personas que residen en las islas.

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Cucuve de Floreana. Crédito: Bill Weir

Floreana, como muchas islas alrededor del mundo, ha sufrido impactos externos que han alterado su equilibrio ecológico. Las ratas y otros depredadores invasores introducidos en la isla, han llevado a especies a la extinción y siguen dañando las especies nativas y endémicas. Este problema no sólo ha afectado a los ecosistemas naturales, sino también al bienestar humano a través de los impactos sobre los cultivos y la salud humana. Las especies invasoras ponen en peligro la independencia y la sustentabilidad de la comunidad local.

Sin embargo, el cambio es posible. Island Conservation como asistente técnico del Parque Nacional Galapagos y otros socios, estamos trabajando para eliminar las especies invasoras de Floreana en beneficio del ecosistema nativo y la comunidad local. La intervención que apunta a una restauración ecológica de la isla, no sólo apoyará la reintroducción de especies nativas en la isla, sino que también protegerá la independencia y productividad de sus habitantes. Floreana representa una oportunidad para la conservación de hacer una diferencia en la integridad ecológica, así como el bienestar humano.

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Vista aérea de Floreana. Crédito: David Acosta

Foto destacada: Floreana. Crédito: David Acosta
English transcript/Versión en inglés

About Gloria Salvador

Gloria is a geographer who graduated from the Catholic University of Quito, Ecuador, and recently finished her masters in social and environmental studies. She has been working in the Galápagos archipelago for many years; in fact, her first experience was as a tour guide. As a resident of the Galápagos Islands, she has always been involved with the environmental issues of the archipelago. One of her personal goals is to support local communities to improve their quality of life according to the environmental conditions of the islands. During her free time, she loves to cook for family and friends.

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